El querer adoptar una alimentación más saludable es uno de los objetivos más comunes, y sobre todo al comenzar un nuevo año. Sin embargo muchas veces se caen en mitos y/o soluciones poco realistas que dificultan la mantención de esos hábitos a largo plazo.
Dentro de los errores más comunes encontramos:
- Pensar que comer sano es sinónimo de pasar hambre.
Recuerda, comer de manera saludable significa mejorar la calidad de tus alimentos, no comer menos. - Eliminar y Satanizar grupos de alimentos.
Nuestro cuerpo necesita consumir para su buen funcionamiento macros y micronutrientes. Eliminar y restringir en gran cantidad sólo hará que tu proceso sea más difícil y que no sea sostenible en el tiempo. Además de poner en riesgo tu salud. - Buscar resultados rápidos a través de dietas milagrosas y/o fármacos.
La sociedad lleva años intentando mejorar su estado nutricional y/o mejorar su estética corporal, y la mayoría de las veces lo hace a través de dietas extremas restrictivas poco realistas que finalmente sólo producen estrés y no logran el objetivo. - Basar alimentación en productos light y proteicos ultraprocesados.
La industria alimentaria sabe que ofrecer productos light o versión proteica es atractivo para el consumidor, sin embargo muchos de estos son ultraprocesados y están lejos de ser una alternativa saludable. Siempre será mejor lo natural
El proceso de cambio no se basa únicamente en entregar un plan nutricional. Si bien es una parte fundamental, con los pacientes se debe trabajar desde la educación alimentaria y el seguimiento nutricional constante, entregando planes personalizados según objetivos, preferencias y contexto personal. De esta forma, se busca evitar estos errores comunes y acompañar a cada persona en la construcción de hábitos saludables sostenibles, logrando una experiencia más positiva y realista en su camino hacia una mejor alimentación.





